El Caso
El día de la clausura de la última Cumbre Iberoamericana en Chile, el presidente Chávez (Ch) lanza unos duros comentarios sobre el ex-presidente español, José Maria Aznar (Az), en razón de su “participación” en el golpe del año 2002 (creo que no habla más que del reconocimiento de su gobierno al golpista Carmona junto al estadounidense) y de su actividad actual junto al ex-presidente Fox (Fx, sin nombrarlo, creo) en contra del gobierno de Venezuela. El presidente Zapatero (Zp), responde que las diferencias políticas no deben llevar a descalificaciones y que un presidente elegido democráticamente, merece respeto. Ch, entiendo que saltándose el protocolo por primera vez (no conozco las reglas de protocolo del evento) interrumpe a Zp varias veces recordándole que la misma solicitud de respeto le debería trasladar a Az. El monarca español, Juan Carlos I (Jc), primero señala a Ch con actitud agresiva, amenazante o cuando menos reprobatoria. Y acto seguido le increpa con la frase: “¿Porqué no te callas?”. Un tiempo después, durante la intervención del presidente Ortega (Or) en que explica el comportamiento pernicioso de la empresa española Unión Fenosa en su país, Jc se levanta y abandona la Cumbre antes del acto de clausura.
La razón
Pienso que Ch con sus comentarios busca precisamente provocar varios efectos de diversa índole. Primero, dirigidos a la idea de la Cumbre como tal y sus valedores , buscando provocar un incidente que acapare la atención mediática (y la traslade allí opacando los “posibles resultados”), relativizando el papel del Estado Español como interlocutor preferente hacia América Latina, por ejemplo en Europa o con USA (desactivando de alguna forma el término iberoamericana que el gobierno español trata de reposicionar) y desenmascarando el ingente esfuerzo diplomático y económico español por maquillar su nueva política colonial y la de las empresas españolas comenzada durante el periodo del ex–presidente González (Gz) dentro de esquemas que Zp llama Alianza de Civilizaciones, diálogo político, respeto al marco institucional o similares. Segundo, dirigidos a obligar a ubicarse públicamente al gobierno de Zp en relación a esta alianza entre poderes políticos y económicos que puede simbolizar Az en el plano local español y la invasión de Irak en el terreno internacional. Esta puede ser una jugada arriesgada si consideramos en alguna medida a Zp como un cierto muro de contención de las políticas más reaccionarias dirigidas contra los procesos emergentes en América Latina , pero serviría en todo caso para presionar-acercar al gobierno español a este terreno, y eventualmente apuntalarlo de cara a la próxima cita electoral contra la derecha española más radical. Y tercero, no dejar en la impunidad la actuación del gobierno de Az y sus mentores (económicos y políticos) en su involucramiento directo en maniobras desestabilizadoras y golpistas. De cara, sobre todo, a frenar sus maniobras actuales y las de terceros.
La sorpresa
No creo que la delegación venezolana esperaba o previera una reacción tan altisonante del rey español. Creo que es la primera vez que la figura pública de Jc (que se ha pretendido construir sobre la idea de una persona tolerante, campechana y “profundamente democrática”), queda opacada por su actuación personal bajo los focos. Hasta ahora había tenido éxito la operación de marketing político dirigida a ocultar los comportamientos oscuros de todo tipo del monarca (sus negocios, delitos, maniobras y origen político, inmoralidad…). Sería como si la reina Sofía proclamara en una entrevista sus ideas de extrema derecha.
La importancia de esta figura pública viene de su carga simbólica (de Jc en particular, la institución monárquica española como tal y la figura de los gobernantes occidentales en general) pues se ha construido como estandarte de lo que se ha vendido con el nombre de “transición española”. Modelo virtual de cambio político pacífico de una situación dictatorial a una democrática (muy útil para exportar en América Latina). Y en la práctica, cambio del modelo institucional (hacia un sistema de partidos, elecciones periódicas, marco constitucional) sin transformación alguna de la estructura económica y política que motivaron la irrupción de la dictadura.
El resultado
Zp como figura, sale seguramente reforzado en su intento de aparecer como conciliador, árbitro de la situación y ecuánime. Tanto en clave de política interna (electoral, por ejemplo, aunque esto depende de su capacidad mediática que se ha revelado débil , y por tanto de la utilización que haga la extrema derecha de algunas claves del incidente) como internacional. Su actitud pública, hasta lo que yo sé (que no es mucho), no resulta demasiado estridente, a pesar de algunas declaraciones posteriores más prepotentes (“espero que no se vuelva a repetir”) que supongo han pretendido imprimir mayor firmeza a su posición. Sin embargo, políticamente su estrategia de gobierno sale bastante debilitada. Obviamente en lo que se refiere a las Cumbres Iberoamericanas como instrumento diplomático de incidencia en América Latina. Pero también, supongo, en su papel de mediador internacional para la zona y otros escenarios. Esto puede llevarle a un nerviosismo que le conduzca a errores en su actuación pública, tratando de reconducir y renivelar lo que no depende de gestos sino de políticas .
Jc y la institución que representa salen seguramente fortalecidos a corto plazo en sus bases ideológicas y de poder como figura intransigente y firme con el enemigo. Sin embargo, ni esas bases son necesariamente fieles (el apoyo de la extrema de derecha tanto neocon como española a la monarquía tiene todavía pies de barro y es más un arma arrojadiza contra posturas menos radicales como la de Zp).
Sin embargo, su carga simbólica política sale muy debilitada. En clave interna, los cuestionamientos crecientes a la monarquía y por tanto, al modelo de transición salen reforzados al revelarse como una institución ideologizada (como se venía denunciando frente a la pretensión de universalidad) y un personaje intolerante y prepotente. Su apoyo y falta de cuestionamiento por parte de sectores afines al sistema pero desde posiciones más progresistas se hace más insostenible. Y en clave internacional, su uso diplomático como figura de consenso (contencioso por la papelera entre Uruguay y Argentina, por ejemplo), aglutinador (modelo Commonwealth) y embajador de peso en las relaciones internacionales, queda en principio herido de muerte, dependiendo de nuevo en la capacidad mediática y en una eventual reestructuración de alianzas.
En cuanto a Ch cierra filas con sus bases más fieles, tanto dentro como fuera del país. Guarda en su manga una capacidad de incidencia en clave española interna sobre la polémica alrededor de la monarquía, como ocurre con su enfrentamiento-respuesta a la figura agresora de Az o el presidente Bush. Además, vuelve a demostrar que cuenta con la posibilidad de actuar en un doble nivel diplomático, dentro o fuera de protocolo, lo que multiplica sus herramientas frente a sus contendientes. Opaca sin embargo discursos más descriptivos (como el de Or o el presidente Correa) y por tanto sus objetivos compartidos con sus aliados a corto plazo para el evento en sí, parecen quedar en un segundo plano. También parece ahondar en sus diferencias con otros modelos, si no políticos, al menos diplomáticos de la región y en concreto con el gobierno chileno. Aunque dado el tema escogido de confrontación (actividad golpista y papel de actores políticos y económicos extranjeros, inversión extranjera como vehículo para el debilitamiento-disolución de economías locales) es previsible que sea muy receptivo para sectores sociales y bases de apoyo en estos países; dependiendo de nuevo de su capacidad mediática. De nuevo la opción parece ser arrastrar a actores indecisos a un alineamiento más claro con opciones más definitivas.
Sin embargo, un repaso a los posibles objetivos más externos a la discusión dentro de la Cumbre parece lanzar un balance bastante positivo (suponiendo que la hipótesis sobre estas metas tenga alguna validez).

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