PARTE 1
NO LOGO: MARCAS, GLOBALIZACION Y RESISTENCIA
“Escribí NO LOGO por una corazonada. Sobre 1995 me dio la impresión que algo parecido a un nuevo movimiento político estaba empezando, cuyo principal objetivo era el de controlar el creciente poder de las multinacionales y que apuntaba directamente contra ellas sin entretenerse en usar a los gobiernos como intermediarios.
Nos dábamos cuenta que a mediados de los noventa algo estaba cambiando a nivel global, que tenía que ver con la consolidación de las multinacionales, el libre comercio, y que estos cambios no respetaban ni las fronteras de los países ni las reglas nacionales. Por tanto nuestra forma tradicional de entender la política, que es cambiar la política de cada país internamente, no funcionaba. Y sin embargo no teníamos las herramientas intelectuales para poder entender, ni siquiera imaginar, esa cosa llamada globalización.
Mi investigación me mostró que había una idea, aparentemente inofensiva, circulando dentro del mundo empresarial. Una idea que no aparentaba referirse a un fenómeno político, sino un discursito típico de ejecutivos: equiparar una marca determinada con un estilo de vida determinado. Que si una empresa de verdad quería tener éxito y ser competitiva en el mercado global tenían que entender que sus productos no eran “sus productos” (por ejemplo, unas zapatillas deportivas, películas, bebidas, computadoras, coches) sino una idea, un estilo de vida. Que para ganar cuotas importantes del mercado, y que los grandes no acaben contigo, lo importante no es el material que produces sino el significado con lo que lo asocias, lo que la gente cree que está comprando con ello.
Estábamos viviendo formas cada vez más creativas de marketing dirigido a la gente joven. Las compañías se lanzaban a financiar y promocionar (esponsorizar: dar pasta a cambio de que pongas su nombre) todo tipo de actividades. Y no sólo cosas aburridas, sino movidas guapas, nuestras. El Corte Inglés te podía dar 100.000 pelas para un viaje en bici alrededor del mundo, la Mahou prestarte las neveras y grifos y hasta regalarte los vasos para un concierto de La Polla contra las cárceles, la Casa Encendida prestar todas sus instalaciones y sacarte los carteles gratis para unas jornadas de Copyleft y la Filmoteca dejarte la sala 1 y promocionarte la Muestra de cine de Lavapiés. El año que viene íbamos a intentar que Coca-cola nos sacara gratis las camisetas. ¡Qué fácil estaba resultando engañarles!
La idea de vender “marcas” en lugar de cosas fue reveladora sobre muchas de mis preguntas. Explicaba porqué ocurría este asalto a partes del espacio público que antes estaban al margen de la publicidad. Porqué la sala Arena ahora se llamaba Heineken, o porqué ahora en los conciertos en lugar de juegos de luces de colores, parece que estés haciendo zapping. Y cuando Josele Santiago repite el estribillo y la gente salta encantada, toda la sala parece gritar: Chesterfield!!! Porqué a pesar de la promesa de tener más opciones de elegir, parecía que teníamos menos, por la invasión de las multinacionales. Y había cabinas de Telefónica de las que no puedes usar monedas hasta en el Machu Pichu. O en los bares sólo podías optar entre la Mahou y sus derivados y la Coca-cola y los suyos. Por no hablar de los móviles. Explicaba incluso porqué a pesar de lo que habíamos estudiado sobre los “países en vías de desarrollo” y lo ricos que iban a ser cuando al fin les llegara la industrialización, los telediarios les seguían mostrando pobres y en guerra. Y ahora que se llevaban todas las fábricas allí, cada vez escuchábamos más quejas sobre compañías de bajo costo, trabajos temporales, empleo precario. Si se los habían llevado de aquí y no estaban allí, donde pestes habían ido los empleos de calidad? Mostraba el camino hacia lo que llamo nuestra situación de No Espacio, No Elección, No Empleo. Y que juntas crearon la situación para que la gente gritara desesperada lo que yo he llamado: No Logo, que no es más una frase que describe el espíritu de resistencia antiglobalización, anticorporaciones y antimercantilización.
PARTE 2
NO ESPACIO: UN NUEVO MUNDO “MARCADO”
Las marcas aparecen como una forma simple de ligar un producto a una casa determinada que le diera confianza y consistencia. Se le pone un nombre a algo para que se sepa que hay alguien que se responsabiliza y en quien tenemos confianza. Y más tarde, para que se la asocie a ese nombre se le pone una caligrafia especial, como a la Coca-cola o Mac Donald,s o se le añade un dibujo reconocible como el de Adidas, una mascota como el gallo de Kellog’s o una figura humana como el cuáquero de la avena o Mister Propper. A la larga, este símbolo llega a sustituir al nombre, y no digamos ya al producto, del que ya nadie se acuerda salvo para comprarlo.
También podemos “alquilar” a alguien que nos de confianza o a quien admiremos o simplemente nos de buen rollo, para unir a esa marca, de manera que la confianza (por unos miles de euros) se traslada de la figura a la marca en un minuto: el Ramón nosequé con viajes Marsans, Alonso con Telefónica, Jordan con Nike, etc. En algún momento se sacó una ley para personas que trabajaban en TV como presentadoras, por ejemplo de informativos. Gente a la que la audiencia estaba acostumbrada a “escuchar la verdad”, lo que realmente ocurre, las noticias. Decía que tenía que pasar un tiempo antes de “alquilarse” para anuncios. Luego se vio que no servía de mucho pues las compañías se lo saltaban todo, untaban a los que sacaban las normativas o simplemente financiaban a las instituciones (publicidad en medios, financiamiento a la universidad, productoras de cine o TV; el programa sobre salud de la TV pública “Saber Vivir” es producido por empresas farmaceúticas). Y además, esta gente quedaba ya marcada para siempre y no sólo cuando salían en un anuncio sino cada vez que aparecían en público o en privado la gente los asociaba a una marca. Y ya no hacía falta que sacaran el logo de pienso Pedigree cuando sale el perro de los Serrano (cuyo significado no es: es bueno para tu perro y es barato; sino: si lo compras mucho tendrás una familia tan agradable, rica, famosa y simpática como esta), o la marca de la computadora que usa el guapo de la peli. Por eso cada vez que ves a Eduardo Noriega en el cine o en la cama, crees que se va a tomar una tónica. Era mentira que se habían alquilado: se habían vendido enteritos, sin darse cuenta.
Pero volviendo al origen de las marcas, esto de nombrar los productos y en lugar de un kilo de arroz, decir que es SOS o La Cigala se convierte realmente importante con la llegada de la producción en masa. Las mercancías son producidas y envasadas en fábricas y transportadas en masa a lugares lejanos. Todos los productos que la gente solía comprar en la tienda de la esquina o a un productor conocido, con quienes había una relación de confianza, empiezan a llegar más baratos, grandes y bonitos al supermercado. Los tomates de la huerta de Lola, la leche de las vacas del Trancón, las alubias de Ultramarinos Ortíz, o las camisas que trae la tienda de la plaza, empiezan a llegar en camiones de no se sabe donde. Las primeras marcas representan a personas en quien confiar o que nos tranquilicen para sustituir artificialmente, con una idea o un nombre, a esa figura de confianza: medicamentos del Dr. Schmidt, caramelo de la criada Aunt Jemima, Juan Valdés. Gente que nos tranquilizara, aunque no existieran.
¿Cómo hemos llegado de tener una relación personal ficticia con un dibujo dejando atrás la relación real con las personas del barrio hasta llegar a formar parte de verdaderas tribus de marcas a las que veneramos como si fueran nuestros líderes o cantantes favoritos? Y vemos gente que ”suele llevar” Londsdale, o Nike, o Diesel, o que siempre bebe Mahou, y las demás le parecen todas horribles.
Algunas marcas entendieron que el marketing podía servir para algo más que para describir un producto. Los anuncios de Coca-cola, sólo nos muestran gente super guapa que baila y viste guay, porque realmente es difícil describir una bebida negruzca y dulzona con burbujas como algo atractivo. Los anuncios de coches no hablan de que prestaciones tienen, sino que ves a tipos impresionando a modelos que pasean por su calle, o a jóvenes que bailan como locos al ritmo del loro. Benetton habla más de racismo que de tejidos. Disney vende una imagen de la infancia y una forma nostálgica de familia. Estas marcas se lanzaron directamente a vender ideas y formas de vida sin casi mencionar sus producto.
NO ELECCION: BOMBARDEO DE MARCAS
Aunque lo de mostrar en los anuncios a gente que mola y que también los consume, ya está pasado de moda. Ahora lo que hacen las marcas es ir directamente a donde está la gente haciendo lo que le gusta, o lo que otros admiran, respetan o desearían hacer, y les inserta sus marcas, sus logos, los asocia con ellos. Si eres una multinacional, vas al lugar donde la ideología que intentas asociar a tu marca vive independientemente y tratas de combinarlas, absorberlas, poseerlas. Porque sabes que si el Labo03 aparece en un cartel con la Amstel, la gente perderá algo de respeto al Labo, pero sobre todo la Amstel ganará parte del respeto del Labo. Si tu colega se pone una camiseta con un logo (y ya casi no existen sin uno), si tu bar favorito sólo sirve esa marca, si las actividades que respetas tienen ciertos muebles, ropas, logos. A la gente (nosotr@s) le será bastante difícil ser como el Che, Gandhi o Einsten, pero si está en su mano comprarse un ordenador o unas zapatillas.
Pero ya sabemos que la publicidad (y las noticias) dicen sólo mentiras. Y que además las grandes compañías usan el cine y la TV para vender su ideología, su forma de entender el mundo y para promocionarla. Lo que no deja de ser preocupante, pero sobre todo para aquellos que no se enteran de nada, el pueblo llano. Pero nosotros nos damos cuenta y estamos muy prevenidos y recelosos... Nos damos cuenta por ejemplo que Ikea pretende vender la idea de que sus productos son “democráticos” por que son baratos, tienen estilo (un estilo antes reservado para los más ricos), y además nos permiten armarlos nosotros mismos, participar en la construcción y casi escogerlos directamente en sus naves de almacenamiento (cuando en realidad nos hacen viajar con nuestro coche, gasolina, tiempo y esfuerzo hasta donde tienen sus “almacenes”, y además a cambio de 0 euros le quitamos el empleo a quienes deberían armarlos-por ejemplo mi prima que no encuentra curro-, y encima decimos que los precios son muy competitivos!). Pero si somos tan enteradillos... ¿porque tengo todo lleno de Ikea en casa? Cuando ya no quede ningún carpintero en el barrio y en el rastro vendan también de Ikea, hablaremos de que el capitalismo nos daba oportunidades, pero las perdimos.
A veces ocurre que las marcas parecen desaparecer. Por ejemplo, en algunos anuncios de Nike si no se sobreentendiera, no sabríamos que anuncian. Parecen hablar sólo de deporte. Ahí esta el problema. Cuando deporte es Nike, ha desaparecido lo que era nuestra idea de deporte. Muchas veces nos preguntamos porqué la Coca-cola no anuncia a los cuatro vientos que también posee montón de otras bebidas, incluyendo algunas aguas. ¿Eso le daría publicidad no? Pero también nos mostraría una realidad que hay que ocultar. Que todas le pertenecen a ella. Que realmente cada vez tenemos menos derecho a elegir. Claro que es más cómodo comprar todos los cárnicos a un sitio. Además Tomás nos los seleccionaba y cuidaba. Pero un buen dia, nos damos cuenta que el tipo que trae la bolsa solo se parece al anterior en el color de la bolsa. Que Pascual nos traiga los lácteos, Pragmacio las latas, y dentro de poco la Mahou todas las formas de birras, zumos y vinos. Claro, si no nos volveríamos locos. Pero ¿somos conscientes que cada vez más estamos viviendo dentro de monopolios? A veces ya no hace falta la presencia del logo, mas bien hay que ocultarlo para que no se note tanto.
Cuando veíamos la tele y llegaban los anuncios, todo el mundo peleaba por el baño o apagaba. Ahora lo hacen casi imposible. No sólo te paran en el momento culminante, o después de titulares, duran o tres segundos o media hora los intermedios y combinan todos los canales para putear. Sino que las marcas salen en mitad de la peli o serie, los actores hablan de ella o la beben. Las marcas aparecen en el WC, en las escaleras mecánicas, en las camisetas de los equipos favoritos y hasta en sus nombres (en EEUU a cambio de pasta, también en los nombres de algunas ciudades, Villaviciosa de Nestea y cosas así), en el bus (dentro y fuera), en la ropa de personas que en verdad son “anuncios andantes”. La idea es que no tengamos elección. No podamos nunca apagar el mensaje.
NO EMPLEO: LA FABRICA DESAPARECIDA
Las marcas no son algo nuevo, pero lo que está ocurriendo es que los nombres son autosuficientes y prescinden del producto. Son lo que conocemos como franquicias. Nike no hace ni un zapato. Se los encarga a subcontratas en Hong Kong que se buscan la vida para que productores en Vietnam, Filipinas o China se subasten el contrato al precio más bajo. Nike pone el sentido (que es lo que la gente quiere comprar) y otros el zapato. Y claro, la única parte que puede seguir bajando el precio es el salario. Como de todas formas los contratos (para las compañías) son multimillonarios, las maquilas se pelean por conseguirlos y por ello, esclavizan cada vez más a sus trabajadores para conseguir bajar los costes. Y no estoy exagerando con la palabra. Miles de miles de chicas adolescentes especialmente elegidas por su vulnerabilidad trabajan en campos de concentración lejos de sus casas vigiladas por guardias armados.
Carrefour, DIA, Mahou, venden miles de productos que sólo tienen que ver con la marca en que usan sus canales de distribución y su nombre. Los productores se tienen que pagar hasta su propia publicidad, pero aún así todos pelean por conseguirlo bajando los precios, es decir los salarios y los precios del producto en origen sea éste aceite de oliva o algodón. Y no sólo porque los contratos y redes de distribución son jugosos para los intermediarios, sino porque los otros canales y puntos de venta van desapareciendo rápidamente. Si le dejamos de comprar el vino a la bodega de atrás, no es sólo que seguramente el hijo de Juan se tendrá que dedicar a otra cosa. O que la cooperativa de Valdepeñas tendrá que venderle a la franquicia de la Mahou su producto al precio que esta le imponga, sino que mañana ya no podremos elegir, porque sólo existirá vino Mahou o Champion.
Entonces, estas economía que llamamos neoliberal no sólo obligan a nuevas formas de esclavitud a poblaciones de otros países sino que promueve la desaparición de la seguridad de empleo en nuestras comunidades. Y muchas veces las propias comunidades que se asentaban alrededor de estas fábricas. El caso de las galletas Maria Fontaneda es emblemático de cómo sea como consumidores o como comercios no reaccionamos para solidarizarnos en nuestras decisiones cotidianas con este problema que si fue conocido. Y nuestras leyes no sólo no las prohiben sino que las consagran, como en la Constitución europea.
El tipo de empleos que sustituyen a los empleos en fábricas son del tipo de autónomos ficticios que deben aportar de su salario gastos que normalmente debería pagar la empresa (como hacía Ikea con nuestro coche), o del que subcontratan agencias de subempleo temporal que en la práctica reciben un 30 ó 40 % de nuestro salario (que ya es bajo) a cambio de poder usar sus contactos, sus canales de distribución, su marca (como hace Nike). Esta nueva forma de economía produce lo que llamamos empleo precario, como si fuera algo que sale de un libro y que no llamara a nuestra puerta cada día con la amenaza de: ¿y que hago yo si me voy del Achuri?
NO LOGO: ACTIVISMO ANTICORPORATIVO Y RECLAMANDO NUESTROS LUGARES
Y sin embargo, lo más grave no es que seamos bobos y nos reconfortemos mirando al más bobo al lado. Lo que realmente asusta es que si alegría es lo que dice la Coca-cola, personalidad lo que te han hecho en la peluquería (o tu colega en casa, da igual), cuidar el medio ambiente es comprar en Body Shop, el “vino de la casa” te lo trae la Mahou, de la lucha anti racista se encarga Benetton, revolución es usar Apple o Linux o pendientes, democracia es lo que vende Ikea (o lo que dice el PP), entonces de un plumazo hemos perdido todo eso. Nos hemos quedado sin casa, sin revolución, democracia y personalidad. Y no me extraña que sin alegría, porque no conozco a nadie que la felicidad de comprar o vestir o hablar o posar le dure más de unos minutos.
En resumen, las marcas, y por tanto los capitales y las multinacionales, actúan no sólo como mentirosos diciendo que son lo que no son, sino como vampiros, chupando la esencia de lo que tocan. Y si el Che casi perdió su valor o todos desprecian a Noriega o Imanol Arias por “venderse”, peor aún es que nuestros valores éticos o políticos lo pierdan también. Que igual que la palabra “socialista” o “libertad” ya no tienen contenido, pierdan su sentido y el respeto o importancia que tienen para nosotr@s las cosas que merecen la pena. Incluyendo el Achuri.
Cuando viajo desde Washington y voy con mi marido Avy a tomar una caña al Achuri y veo que la Mahou consigue “marcar” mi mesa por el precio de un simple cenicero me dan ganas de denunciarlo en mis libros y películas. Un lugar tan representativo como este bar con montones de logos por todas partes.
Cuando alguna gente discute en una reunión si nos subiremos el salario, contrataremos a una persona, pillar cosas de una multinacional, verduras de una cooperativa de consumo, o si debemos vender o no ciertos productos; estamos metid@s en esta discusión. Eso no quiere decir que seamos responsables por lo que ocurre, pero si de lo que ocurre. O sea, que con pequeños cambios podemos ayudar a resistir (como ya hacemos en muchos aspectos) esta embestida en la que no estamos sol@s. Tampoco quiere decir que si no podemos hacerlo todo como nos gustaría (hacemos algunas cosas mal) significa que no merece la pena hacer nada. Llegamos hasta donde podemos. Y podemos cambiar los ceniceros de la Mahou por unos sin su logo. Muchas gracias”.